Pablo Garrido: “No intento ponerme etiquetas, no me considero un activista, soy un ser humano y lucho por aquello que defiendo”.

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Pablo Garrido trabaja como revisor de piezas en el taller de KL Bergara desde hace tres años. Firme defensor de los derechos humanos, dedica su tiempo en ayudar a los que más lo necesitan.

¿A qué te dedicas?

Trabajo en KL katealegaia como revisor de piezas desde hace tres años. Es un buen trabajo y me encuentro muy cómodo aquí. Las condiciones son muy buenas, lo que me permite vivir bien y dedicar mi tiempo libre a luchar por los derechos humanos.

¿Podemos afirmar entonces que eres un activista?

Si, aunque no intento ponerme etiquetas, no me considero un activista, soy un ser humano y lucho por aquello que defiendo. He sido así desde que era joven. Con 18 años me negué a realizar la MILI, aunque debo admitir que tuve la suerte de ser amnistiado años después. Ese fue mi comienzo, durante el resto de mi etapa de juventud me uní a muchas causas de lucha, denunciando las injusticias y tratando de combatirlas, frenar su avance y concienciar de ellas a la población. Eran tiempos difíciles, Euskadi afrontaba una época manchada por la irrupción de las drogas y el conflicto armado de ETA.

A nivel de Europa, a nivel de población, donde más problema había era Euskadi. No se actuaba contra la droga, y la raíz del problema era la heroína.

Veíamos impotentes como la gente moría, amigos y familiares se iban muriendo uno tras otro debido al consumo. No podíamos quedarnos de brazos cruzados, así que decidimos actuar y formamos un movimiento okupa (Gaztexe) en contra de la heroína y del resto de drogas y también de las enfermedades de transmisión sexual.

¿Y cómo se luchaba contra esa situación?

Sobre todo informando y concienciando a la población sobre los peligros de su consumo, pero también de las enfermedades de transmisión sexual como el SIDA. Realizábamos cursos de sexualidad. Tratábamos de concienciar a las madres de los jóvenes afectados. Realizábamos ruedas de prensa. Por suerte conseguimos realizar avances. Ten en cuenta que antes no existía internet, la gente no tenia acceso a la información como ahora.

Si esto no era ya suficiente problema, estaba también el factor de la lucha armada. En aquella época ETA, que también estaba en contra de quienes introducían y proliferaban el consumo de heroína y otras drogas en Euskadi, asesinó a dos empresarios de Elgoibar que presuntamente se dedicaban al narcotráfico. Ante este escenario, desde los medios de comunicación y sectores de la policía, se nos intentó acusar a nosotros de ser los chivatos de ETA, por defender la misma causa, aunque nuestra lucha fue siempre pacífica y en contra de la violencia y de cualquier movimiento de lucha armada. Nos intentaron poner como cabezas de turco. Por suerte, quedamos fuera de sospecha. Un amigo mío, que ha escrito un libro recientemente sobre la droga en Euskadi, relata entre otras cosas como se vivió esta situación que te he mencionado.

Al final, cuando te manifiestas para defender o luchar por una idea, el primero que lo hace es el que más golpes se lleva, aunque después muchas personas se beneficien de esa misma lucha. Por suerte para nosotros, y para muchas otras personas, logramos concienciar a parte de la ciudadanía y ayudamos a mejorar algo la situación que se vivía en Euskadi.

Por eso estoy orgulloso de mi mismo, porque sé que tomé una buena dirección y a partir de ahí he podido vivir experiencias únicas a lo largo de mi vida. He ayudado a mucha gente y he luchado por muchas causas. Ahora mi lucha, desde hace ya unos años, es a favor del pueblo Palestino.

Cuéntame más sobre tu labor de ayuda a Palestina

Fui de las primeras personas de Euskadi que empezó a manifestarse abiertamente en contra de Israel y del maltrato al pueblo de Palestina. Me he unido a manifestaciones, he elaborado carteles en apoyo a ellos, y colaboro con varias ONGs y con la fundación C.A.P.P (Fundación Comité de Apoyo al Pueblo Palestino). Además, apadriné hace un par de años a una niña palestina huérfana y con leucemia. Traté de viajar a Palestina una vez, pero no me lo permitieron. Fui con 100 kilos de ropa y 30 kilos de material escolar, yo solo, apoyado por una de estas ONGs, pero no me dejaron entrar a Palestina.

Fue un viaje arriesgado, decidí volar a un pequeño aeropuerto alejado de capital, porque si volaba hasta el aeropuerto de Tel Aviv, en Israel, no me iban a dejar salir de ahí. Aterricé y no me dejaron avanzar. Me costó mucho facturar la ropa y el material escolar que llevaba. Tuve que desplazar hasta Jordania en autobús. Me trataron muy mal. Así tratan a las personas que intentan ayudar al pueblo de Palestina. Te da rabia, pero por otro lado piensas, si nos tratan mal, será porque son conscientes del apoyo que recibe Palestina y su gente.

A pesar de las complicaciones que me pusieron, tenía claro que no iba a rendirme. Desde España he seguido apoyando y ayudando todo lo posible concienciando a la gente, organizando eventos informativos junto con ayuntamientos y otros organismos, he enviado ropa y otros objetos de necesidad mediante ONGs y siempre he denunciado activamente la situación que viven. Y no solo con Palestina, siempre que he podido ayudar a alguien que realmente precisaba de ayuda, lo he hecho. Podría contarte un sinfín de ejemplos.

Porque estas personas que necesitan ayuda, ¿cómo contactan contigo?

Muchas veces son situaciones que se dan por casualidad, no tengo ninguna plataforma de ayuda a las personas ni me muevo en redes sociales. No voy buscándolos, suelo encontrármelos de casualidad y siempre que puedo, les hecho una mano.

Por ejemplo, hace poco me encontré con una pareja de Valencia que estaban en la estación. Al parecer él vino aquí buscando trabajo y vino con su mujer embarazada. Al parecer, la persona que les iba a dar trabajo, desapareció. Estaban solos, sin dinero ni recursos. Les aconsejé que contactasen con Cáritas o alguna ONG que pudiera asistirles en ese momento, por que yo puedo ayudar, pero no soy una ONG.

Pasaban los días y no conseguían solventar su situación. Al final decidí pagarles los billetes para que se volvieran a Valencia otra vez. Durante el camino de vuelta me llamaron para contarme que su mujer había dado a luz en Mendaro, y que estaban muy felices de tener un hijo vasco. La historia no termina ahí, cuando llegaron a Valencia, se metieron en un piso abandonado, pero no como okupas, pues el dueño del piso, un amable extranjero, les dijo que si cuidaban la casa, no le importaba que ellos y su recién nacido vivieran ahí por un tiempo. Me encanta contar esta anécdota, porque tuvo un final feliz.

¿Siempre que has ayudado a alguien has podido solventar su situación?,  ¿Qué sensaciones deja ayudar a los demás o volcarse por una causa justa?

Prácticamente todas las veces he podido solventar o mejora su situación. Pero no solo yo, durante estos años he podido comprobar que, ante una situación de necesidad, la gente se vuelca y trata de ayudar. Me pasó con dos chicos manteros senegaleses a los que ayudé hace un tiempo. Uno de ellos falleció meses después y su familia no tenía dinero para repatriarlo, así que decidí hacer una colecta entre Bergara y Elgoibar, y logramos reunir los 6.000 euros que costaba la repatriación.

A lo largo de los años me he unido a muchas causas, he defendido los derechos de las mujeres junto a mi pareja en el 8-M, he apoyado la lucha del pueblo catalán y me he manifestado a favor de la exhumación de los restos de Franco. Fuera del marco nacional, he sido crítico con la CIA y la manipulación con respecto al ISIS y al problema de los refugiados.

Nunca intento ser el centro de atención, lucho por aquello que pienso, y trato de trasladar un mensaje a la sociedad. Intento que se centren en el mensaje, que es lo importante, y no tanto en mí.

Pero si, ayudar a una persona que lo necesita te brinda una sensación de bienestar, te sientes orgulloso contigo mismo y de lo que has conseguido para esa otra persona o para esa causa justa. Ver una sonrisa de agradecimiento en sus rostros, saber que has podido ayudarles, no tiene precio. No existe una sensación similar. Pienso que luchar por aquello que es justo te hace mejor persona, porque muchas veces con ese gesto contribuyes a mejorar el mundo.